En la práctica diaria seguimos encontrándonos con una situación que se repite constantemente: personas que firman contratos confiando en que se trata de un simple “modelo estándar”, sin detenerse realmente a analizar sus consecuencias jurídicas.

Contratos de alquiler, prestaciones de servicios, reservas, encargos profesionales o documentos preparados por inmobiliarias y empresas intermediarias. La escena suele ser siempre la misma: el contrato se presenta como un mero trámite y termina firmándose sin revisión previa.

El problema aparece después.

Y es entonces cuando muchas personas descubren que aquello que firmaron contenía cláusulas ambiguas, obligaciones desproporcionadas, limitaciones relevantes o condiciones que ni siquiera habían comprendido correctamente.

Conviene partir de una idea esencial: un contrato nunca es un simple papel. Es el documento que va a determinar los derechos, obligaciones y margen de actuación de las partes en caso de conflicto.

Precisamente por ello, no basta con asumir que “es un contrato tipo” o que “todo el mundo firma lo mismo”. La mayoría de contratos admiten revisión, modificaciones e incluso negociación antes de su firma.

En muchos casos, pequeñas correcciones realizadas a tiempo evitan problemas jurídicos y económicos importantes en el futuro.

Esto adquiere especial relevancia en materia de arrendamientos, donde resulta habitual encontrar contratos de arrendamiento elaborados mediante modelos genéricos que no contemplan adecuadamente situaciones esenciales: duración, desistimiento, actualizaciones de renta, distribución de gastos, incumplimientos o mecanismos de resolución.

Pero la problemática no se limita al ámbito inmobiliario. Cada vez son más frecuentes los conflictos derivados de contratos de prestación de servicios o acuerdos privados firmados sin asesoramiento previo y cuya verdadera trascendencia solo se comprende cuando surge el problema.

La prevención jurídica no consiste únicamente en “leer un contrato”. Consiste en comprender sus efectos, detectar riesgos, proponer modificaciones y, en su caso, negociar determinadas condiciones antes de asumir obligaciones que luego pueden resultar difíciles de revertir mediante una adecuada revisión de contratos.

En RPV Abogados abordamos con frecuencia situaciones en las que un adecuado asesoramiento previo habría evitado gran parte del conflicto posterior. Porque, en muchas ocasiones, el problema no empieza cuando se incumple el contrato, sino mucho antes: en el momento en que se firma sin haberlo entendido realmente.

Alfredo Reigosa

ALFREDO REIGOSA GARCÍA.

Resp. Dept. de Derecho Civil en RPV Abogados.

error: Content is protected !!