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RPV Y SU LABOR DOCENTE.

Recientemente hemos tenido la ocasión de colaborar una vez más en el ámbito de la enseñanza con un Centro de Estudios, el objetivo: Impartir Cursos de Formación Jurídica Avanzada.

Más allá de la gratificación personal que comporta el poder impartir los conocimientos con las nuevas (y no tan nuevas) generaciones de juristas, es cierto que conviene ser conscientes de la importancia que supone para este ámbito profesional, el estar formándose de manera estable y continuada.

Una vez me dijo un buen amigo, que el derecho es aquella carrera en la que, entre que te gradúas y ejerces, la mitad del temario ha sido derogada y la otra mitad es probable que se te haya olvidado. Este a priori jocoso comentario, de alguna manera no está exento de cierta verdad, es decir; en la realidad que nos rodea, pocas cosas son tan mutables como lo es la conducta del ser humano, es entonces que surge la necesidad de que las normas que regulan nuestra convivencia social (en todos y cada uno de sus heterogéneos aspectos), estén siempre en continuo proceso de cambio y evolución para mejor adaptación a nuestras necesidades. La facultad de derecho y los conocimientos en ella impartidos, son la antesala de un universo en el que, si finalmente decidimos desarrollarnos, necesitaremos por la propia naturaleza de las cosas que continuemos con nuestra formación intelectual. De la misma manera que el atleta entrena su cuerpo a diario para ser competitivo, el jurista ha de procurarse su mantenimiento intelectual. La oportunidad de acceder a cursos particulares formativos, ya sea por ejemplo, para especializarnos en una disciplina o para refrescar conocimientos, es una valiosa herramienta puesta al servicio del jurista, siendo entonces en este contexto en el que además para un servidor, supone una importante gratificación poder formar parte del proceso de construcción y conformación de futuros y presentes ilustrados en derecho.

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